En el animal descubrimos nuestra soledad. Ante el animal, paradójicamente la última compañía, se descubre que uno está absolutamente solo. Quizá por eso en el animal proyectamos una parte de nuestra vida y, por ejemplo, podemos pensarlos como amigos, hijos, etc.
Fips fue un perro que vivió con la familia de Hélène cuando ella era niña en Argelia. Un día atacó al cartero y tuvo que ser atado. Esta situación despierta una hermosa reflexión sobre la libertad, que solo se conoce al perderla.
Otro día la mordió a ella y algo de su amor se resintió. Así nació también la culpa. El amor humano es más endeble que ese otro amor, el animal amor, que tambié podemos conocer como humanos cuando nos buscamos en nuestras zonas más oscuras.
Balzac tiene un cuento que narra la historia de un soldado y una pantera que, durante un tiempo se acompañan, hasta que se desconocen y uno mata al otro. ¿Qué amor no se estrella con el malentendido y la posibilidad de la muerte?
El texto concluye con el recuerdo de la vez en que hubo un incendio en el edificio de la escritora y solo había chance de salvar a una de las dos gatas. No les cuento más.
Me encanta esta colección de conferencias en que grandes autores hablan de temas simples, para jóvenes, para niños, para legos, para quien quiera leer.
Voy a recomendar otros títulos de la serie porque son una maravilla para hacer paréntesis en días largos.