A Banksy lo echaron de la escuela a los nueve años, acusado de haber tirado al piso a un compañero que se fracturó el cráneo. La ambulancia tuvo que entrar al patio y levantarlo en una camilla. Tardó mucho en volver a clases, no podía recordar lo que había ocurrido y quedó con “algunos problemas mentales”.
“La parte más desafortunada del caso es que yo nunca había tocado a ese chico. El victimario era Jimmy, mi mejor amigo -confiesa el célebre grafitero anónimo en un libro de La Marca Editora, que reúne por primera vez en español sus textos dispersos-. Creo que fui afortunado en aprender de tan joven que, irremediablemente, no existe la justicia. La enseñanza más importante fue que no tiene sentido portarse bien: igualmente serás castigado por algo que no hiciste”.
Ése y otros recuerdos que permiten aproximarse a su misteriosa identidad componen Banksy: esto no es un manual de recursos para las putas agencias publicitarias. En más de doscientas páginas bajo tapa dura conviven muchas de las imágenes icónicas que fue dejando en sitios de distintos países con citas de manifiestos, cartas públicas y notas publicadas en los medios o en sitios web. Esta suerte de retrato está integrado por rastros dispersos y muchas veces anónimos, que enfrentaron al editor ante “el riesgo de caer en una falsa atribución”.
Eso aclara en la introducción Guido Indij, director de esta y otras editoriales independientes. Experiencia no le falta: desde 1990 editó más de 700 libros de arte, fotografía, poesía, ensayo y narrativa, y fue elegido el “editor del año” en 2019. Interesado desde hace años en el arte callejero y la intervención del paisaje urbano, creó una colección dedicada al registro gráfico que incluye otro volumen sobre Banksy, publicado en 2017. Y en 2004 curó la muestra Hasta la Victoria, Stencil!, en el Centro Cultural Recoleta.
“El artista llamado Banksy es considerado uno de los más influyentes del siglo XXI –opina Indij, que además es fotógrafo y diseñador de imagen y sonido-. Este libro es un testimonio de la obra y el ideario estético de quien mejor ha sabido mirar e interpretar nuestra época. Para Banksy el arte es intervención; el ejercicio artístico, un acto disruptivo”.
Probablemente su gesto más desafiante haya sido provocar la destrucción en vivo de Niña con Globo, una reproducción en acrílico y aerosol de una de sus imágenes más famosas, segundos después de que se vendiera en Sotheby’s en 2018 por el equivalente en libras a 1,4 millones de dólares. Se convirtió así en “la primera obra de arte de la historia creada en vivo durante una subasta”, anunció luego la casa de remates, que aseguró no haber sido advertida de que la obra sería triturada. Tres años más tarde vendió esa nueva versión, titulada El amor está en el tacho, por 25,38 millones de dólares. Es decir, la cifra más alta que se haya pagado por una pieza del grafitero anónimo.
El éxito de mercado no parece importarle a este rebelde criado Bristol, que defiende su independencia del sistema. Llegó a crear en Belén un hotel con vista al muro de Cisjordania y un parque temático distópico (Dismaland) que luego desmanteló para donar su estructura a los refugiados. También dirigió un documental titulado con su característica ironía: Exit Through the Gift Shop (“Salga por la tienda de regalos”).
“A pesar de tener que escabullirte por la noche como Jack el Destripador con aerosol, escribir grafitis es la forma más honesta de ser un artista –opina en uno de los textos reunidos por Indij-. No se necesita dinero para hacerlo, no se necesita educación para entenderlo, no se cobra entrada; y poner pinturas en las paradas de los autobuses es mucho más interesante y útil que en un museo”.
Con su nombre y sin su autorización, sin embargo, se crearon museos en ciudades como París y Nueva York y se realizaron muestras como la que se exhibió en La Rural en 2022. Recién al año siguiente se recuperó una entrevista radial que le habían hecho en la BBC en 2003, en la cual dijo llamarse “Robbie”. “El grafiti se usó para encender revoluciones, parar guerras y es, en general, la voz de quienes no son escuchados”, dice otra de las citas compiladas en el libro. “Nadie me escuchó jamás y solía pensar que era culpa de ellos –agrega en otra-. Si quieres decir algo y que la gente te escuche, tienes que usar una máscara”.
Camuflarse resulta vital para sorprender con su mensaje. Entre las formas más efectivas de “volverse invisible” en la ciudad menciona “usar un chaleco fluorescente y una radio portátil en la que suene muy alto FM Corazón”, o comportarse “como un viejo borracho y triste”. Durante la pandemia simuló también ser parte de un equipo de limpieza que desinfectaba un subte –para dejarlo lleno de sus icónicas ratas-, y en 2021 recorrió en una casa rodante varias ciudades costeras de Gran Bretaña, en las cuales dejó sus rastros. Luego publicó en su cuenta de Instagram un video de sus “vacaciones”, titulado A Great British Spraycation.
Varias veces estuvo cerca de ser atrapado, según relata en el libro. Como cuando saltó el cerco del Parc de la Ciutadella en Barcelona, a las tres de la mañana. “No me había dado cuenta hasta ese momento de que el parque que alberga el zoológico es también la casa del Parlamento Catalán por lo que está excepcionalmente bien iluminado, cubierto de cámaras de seguridad y patrullado por la Guardia Civil en poderosos jeeps”. Lo que siguió fue una noche entre los arbustos, mojado por los regadores, que incluyó un encuentro cara a cara con un enorme canguro. A día siguiente ya habían limpiado su intervención con esténcil, que recreaba a un mono con un cartel y el siguiente mensaje: “Ríanse ahora, pero un día nosotros estaremos a cargo”.
Por Celina Chatruc