Lo que ninguna pantalla puede administrar
En apariencia, ¡Qué emoción! ¿Qué emoción? (La Marca Editora), de Georges Didi-Huberman, transita un territorio completamente distinto. Sin embargo, leído junto al libro de Linne, funciona como un contrapunto inesperado.
Si el ensayo sobre la vida digital muestra un mundo cada vez más gobernado por datos, automatizaciones y predicciones, Didi-Huberman dirige la mirada hacia aquello que permanece fuera de cualquier cálculo: las emociones.
El duelo, el amor, la pérdida o la alegría aparecen aquí no como estados psicológicos que deban clasificarse, sino como experiencias que atraviesan el arte, la filosofía y la vida cotidiana. En pocas páginas, el filósofo francés vuelve a demostrar que las preguntas suelen ser más productivas que las respuestas. Su ensayo no pretende domesticar las emociones, sino aceptar que buena parte de nuestra existencia sigue organizada alrededor de aquello que no controlamos.