La Marca Editora

El deseo

Entre la necesidad y el deseo hay un largo camino. De la primera, puede decirse que se la reconoce porque es “lo que no permite escapar”. El hambre, por ejemplo no acepta sustitutos. Lo mismo ocurre cuando nos hacemos pis. Como dice el chiste, el tiempo corre para todos, pero según de qué lado de la puerta del baño estés.

Luego de la necesidad vienen las ganas y el anhelo. En las ganas, se trata de una preferencia, de lo que quisiéramos recibir. En el anhelo, de lo que quisiéramos recuperar a pesar de la distancia. Ganas y anhelo tienen la intención de poseer.

Otra cosa es el deseo, cuya etimología viene de “desiderio” que significa contemplar las estrellas, en una lejanía que no se puede reducir. El deseo no se agota en la satisfacción, es la insatisfacción que empuja hacia una transformación personal.

Leer esta breve conferencia de quien fuera uno de los últimos grandes pensadores de Occidente, me hizo reflexionar sobre qué poco lugar ocupa el deseo en nuestras vidas y en nuestros vínculos. Queremos satisfacciones, recompensas, garantías, no deseos.

“Se desea ser otra cosa además de uno mismo con sus cosas […]. Uno desea que suceda algo. Desear es desear que pase algo, no tener algo”. A veces, paradójicamente, el modo en que más se expresa el deseo es a través de ya no querer algo. Desear no es querer ni un impulso que llama a la voluntad.

Nancy ya era abuelo cuando dictó esta conferencia, que tiene como una destinataria a su nieta de 15 años. Es un texto bellísimo y muy bien planteado, con distinciones sutiles y una orientación: incentivar la vida.

Los otros días recomendé los otros dos libros de esta colección. Dejé para el final el mejor, el que más me emocionó y que quisiera que un día lean mis hijos. Lo deseo.
 

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